T2E1: Nosotras aquí, ellos allí

Ni de aquí ni de allí
Ni de aquí ni de allí
T2E1: Nosotras aquí, ellos allí
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En este episodio de apertura de la segunda temporada de Ni de aquí ni de allí, escuchamos la historia de Alexandra, hija de migrantes ecuatorianos que vivieron en Londres durante la crisis del 99. Su testimonio ofrece una perspectiva poco visibilizada: la de las niñas y niños que se quedaron en el país de origen mientras sus padres migraban.

Alexandra narra la dificultad del reencuentro, la ausencia en la adolescencia y cómo esa distancia afectiva marcó su crecimiento. Una conversación íntima que abre nuevas capas de reflexión sobre la migración transnacional y las rupturas emocionales que implica.

🧳 Ideal si te interesa: infancia migrante, migración Ecuador-Europa, vínculos familiares y retorno.

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Transcripción:

Este programa colabora y se difunde en El Magazín por momentos.

Bienvenidos a Ni de aquí ni de allí. Un podcast donde escucharás las voces de migrantes y las de las de hijas e hijos de migrantes latinoamericanos en Europa.

La primera conversación que os traigo en esta nueva temporada es una maravillosa respuesta de un oyente. Alexandra.

Alexandra: Hola Mich, he escuchado tu podcast y me ha gustado. También soy hija de migrantes y me gustaría contarte mi historia. Yo soy de Riobamba, pero vivo en Quito. Mis padres migraron a Londres durante la crisis económica del 99 y vivieron allí cerca de seis años. La partida fue muy dura, pero creo que el retorno lo fue aún más. En el caso de mis padres fue así porque cuando viajaron nos dejaron a mis hermanas, nosotras somos cuatro y cuando ya retornaron.

En mi caso, yo ya estaba a punto de graduarme del colegio, así que no estuvieron en mi adolescencia que es muy, muy duro y creo que se genera una brecha de afectividad. Que no muchas veces ni ellos como padres saben cómo, cómo ayudarnos o cómo permitir que las cosas mejoren.

Michelle: La experiencia de Alexandra es totalmente diferente a todas las que hemos escuchado hasta ahora. Ella es hija de migrantes. Pero es parte de las niñas y niños que se quedaron en el país de origen de sus padres. Como escucharemos, los problemas, las alegrías y las tristezas que experimentaron fueron diferentes.

Hola, Alexandra. Muchísimas gracias por estar aquí. ¿Cómo encontraste este podcast Ni de aquí ni de allí?

Alexandra: Bueno, yo estaba, yo también estoy, quería entrar en este tema de los podcasts y en mi investigación me di cuenta que bueno, al menos aquí en Ecuador es algo extremadamente nuevo y no hay muchas personas que hacían podcast. Entonces yo estaba buscando qué tipo de podcast se hacían, qué temas trataban y todo lo demás. Y de ahí salió el tuyo.

Ahí lo encontré y me pareció muy, como que me atraía la idea porque yo sufrí la migración cuando era pequeña y creo que eso fue al menos la crisis que pasó. No solo fue económica, sino también social. Y este tema nunca se habló.

O sea, hubo migrantes, hubo destrucción de familias, pero nunca se trató el tema profundidad y nunca creo que lo pudimos hablar ni incluso dentro de nuestro entorno familiar. O sea, mis tíos sabían que mis papás eran migrantes, pero era algo como que incluso normal. Es como que pasaba en una línea recta y nunca se hablaba de eso.

Michelle: Pensaba que en Ecuador quizás se habría tenido una conversación sobre este tema porque salieron muchísimos ecuatorianos del país.

Alexandra: Sí, todo el mundo sabía que salían las personas. Y hablaba de cómo era su vida allá, qué hacían y todo, pero yo tengo igual tíos que salieron, que vivieron con mis papás allá. Pero nunca se hablaba de los hijos. O sea, qué sentían los hijos de los migrantes. O sea, obviamente todo el mundo sabía que se dividían las familias, pero más allá de eso no. A ti como hijo nunca te preguntaban.

O sea, cómo te sientes, qué te pasa, nada. O sea, es como que se entendía que eras un hijo, pero nada más. Nunca, yo nunca creo que había de todas las personas de hijos de migrantes. Creo que a nadie nos dieron una ayuda psicológica en decir, o sea, es que mira, esto es tu entorno, esto va a pasar. Nada, era como que algo que pasaba, nada más.

Michelle: ¿Qué episodio del podcast has escuchado?

Alexandra: Yo escuché uno de tú y de tu hermano. Y ahí conversaba un poco de que, bueno, ustedes habían ido allá en otro país y su venida acá. Pero creo que es como que son cosas un poco diferentes, porque ustedes tuvieron un entorno, sus papás y ustedes estuvieron juntos y de pronto ustedes vinieron acá como de visita, a hacer turismo.

Y en nuestro caso es diferente, porque yo me quedé en el espacio fuera y nosotras, también nosotras, vivimos solo entre nosotros.

Michelle: ¿Entre vosotras hablasteis alguna vez sobre la situación que estabais viviendo?

Alexandra: No, no. Yo he hablado con mis hermanas de este entorno y todo lo que ha pasado. Ya cuando éramos mucho más grandes, o sea recién hace unos seis años, es como que recién entras en conciencia y dices qué pasó. Y tú vas viendo tu vida y vas viendo que hay huecos, que este tipo de cosas van dejando. Y ahí recién entiendes qué fue lo que pasó.

Michelle: ¿En qué años se fueron tus padres de Ecuador?

Alexandra: Como en el 99, 99 y no más creo que emigrar en el 2000.

Michelle: ¿Qué les llevó a tomar la decisión de emigrar?

Alexandra: La difícil situación económica en la que vivíamos. Nosotras somos cuatro hermanas, bueno, cuatro hermanas. Tengo un hermano que es hijo de mi papá. Y éramos cuatro más. Éramos en total seis, siete. Entonces la dificultad económica. Y llegó a salir.

Michelle: ¿Cómo reaccionaron la familia cercana y los conocidos a la decisión de tus padres?

Alexandra: Creo que obviamente por la situación en la que estábamos pasando, mis tíos apoyaron esa idea de que mi papá salga, que fue el primero que se fue. Pero obviamente fue, es una decisión difícil, ¿no? Dejar toda tu familia y partir a otro país. Mi papá no es que se fue a España, es que se fue a Londres, que era mucho más complicado, sobre todo por el tema del idioma.

Mi papá, a duras penas, había terminado el colegio. Estaba como a mitad, como a tercer curso. A él no le gustaba mucho estudiar, así que ya no terminó el colegio. Mi mamá sí lo terminó, pero no tenía esa educación, el idioma.

Mi papá ya cuando retornó nos contaba cómo hizo para llegar allá porque había sido como una peripecia. Si bien es cierto, al inicio de la migración no es como, no fue tan difícil. Mi papá fue en avión en un vuelo que compró y salió. Y no es como las historias desde pronto en México, que tienes que cruzar el desierto para llegar a Estados Unidos. En el caso de mis papás, fue como un poco más light. Fueron en avión, fueron tranquilos. No hubo esa transición tan dura.

Michelle: ¿Con quiénes os dejaron vuestros padres?

Alexandra: Nos dejaron con mi abuelita, o sea la mamá de mi papá. Con mis abuelitos más bien. Con mis abuelitos. Y en esa época vivía una tía con nosotros. Y éramos cuatro más mis abuelitos, seis más mi abuelita, siete. Siete de los niños.

Michelle: ¿Qué recuerdos tienes de la partida de tus padres? ¿Se despidieron? ¿Os explicaron a dónde iban y qué iban a hacer? ¿O simplemente se fueron?

Alexandra: Sí. Antes de comenzar la entrevista, yo hablaba con mi hermana y ella me contaba porque yo no recordaba mucho cómo se fue, o sea, cómo se fue. Y mi hermana me hace énfasis en que no hubo una reunión en la que mis papás me dijeran, ¿sabes qué? ¿nos vamos a ir por tanto tiempo o a qué lugar se iban? O sea, no. Yo me acuerdo que solamente un día estaban y luego ya.

Y desde luego ya nos llamaban y teníamos el contacto, pero no hubo como que esa comunicación de decirnos o contarnos que cuál era la idea o qué iban a hacer.

Michelle: ¿Y vuestros abuelos os explicaron algo?

Alexandra: Ya luego de que ya se fueron y todo, ya comenzaron las llamadas, ahí sí ya nos explicaron un poco más, pero fue así, o sea, fue algo muy, muy, no sé, muy corto. O sea, como que solamente nos decían que estaban fuera, que se iban a nombrar algún tiempo, pero no había como que algo más específico.

Michelle: ¿Cómo fue para vosotras? ¿Cómo sentisteis al estar sin vuestros padres?

Alexandra: Extraño, es extraño porque tú no sabes que es lo que está pasando. Sabes lo que escuchaste de pronto entre las conversaciones de adultos y eso, pero no sabes si es cierto o si no es cierto. Como el mal vino en todo y todo, pero ya con el pasado tiempo vas entrando en conciencia de lo que está pasando porque cuando yo en la escuela llegaba el día del padre y el día de la madre, y ahora a quién voy a llevar.

O de ley te hacían hacer esos regalitos para el día del padre y el día de la madre. Y yo tenía que llevársela a mi abuelita o a mi abuelo, o en las reuniones de padres de familia. Y ahí tú y tus compañeros te preguntan como que tus papás, dónde están.

Entonces ahí tú ya con toda la información que medio pudiste recabar, cuentas tu versión de lo que está pasando. Entonces, porque tú ves en mi caso, cuando en las reuniones de colegio mi abuelita, mis compañeros pensaban que mis papás estaban muertos porque no estaban ahí. Entonces ahí me tocaba explicarles que no, que están en otro país trabajando y todo.

Michelle: Entonces, entre tu círculo de compañeros de escuela, vecinos, ¿erais las únicas niñas cuyos padres habían emigrado?

Alexandra: Eh, sabes que, a menos de mi colegio creo que habíamos dos máximo de 35. No había mucha gente. Como te digo, mis papás fueron como que muy al inicio, como que cuando arrancó todo. Ya y luego, ya cuando estaban en universidades y ya tenía más compañeros que estaban en la misma situación.

Michelle: ¿Por qué vuestros padres no os mandaron a buscar? ¿Por qué no os llevaron con ellos a Londres?

Alexandra: En algunas conversaciones que tuvimos por teléfono, sí recuerdo yo haberle pedido que nos llevara, que queríamos estar con ellos, que nos llevaran. Ya luego, cuando mis papás ya estuvieron acá y nos tuvimos a enterar a conversar de cómo fue su vida allá, mi mamá nos contaba y no nos decía que allá la… Primero el tema económico es mucho más caro que acá y si nos hubieran llevado, lo que nos tocaba era hacer pequeñas todavía porque yo tenía cerca de 12 años.

Mi hermana, la mayor, creo que tenía 14. Mi hermana, la pequeña, tenía como 8 y la más pequeña tenía como 4. Entonces ella nos decía, a mí me tocaba dejarlas encerradas todo el día porque no pueden salir.

Los niños no pueden estar solos allá y si pasa algo, si les coge migración o si alguien se da cuenta que los niños estaban solos, los que iban a tener problemas, ya incluso de cárcel o algo así, eran ellos. Aparte de que por la situación económica ya eran 6 personas y primero que tenían que comer, que necesitaban un departamento que pronto costaba más y que inevitablemente de pronto a mi hermana y a mí, después de algún tiempo nos iba a tocar trabajar. Pero no íbamos a trabajar en como que una oficina o algo así, porque no teníamos los estudios, como que tercer nivel o algo así para de pronto crecer un poco más.

Y tampoco íbamos a poder estudiar porque la universidad también era más cara todavía. Entonces decía como que futuro les vamos a dar allá. Entonces es preferible que vivan acá en Ecuador, de pronto un poco más cómodas, que puedan incluso estudiar la universidad y todo lo demás.

Michelle: Por qué tus padres escogieron Londres y no España o Estados Unidos, ¿por ejemplo?

Alexandra: Claro, sí, ¿ellos también les preguntan. ¿Por qué Londres? En un país tan… Primero que la brecha del idioma era lo más, lo más, más complicado para ellos. Entonces, lo que les habían dicho es como que mucha gente ya se iba allá, o sea, Estados Unidos, España, pues como que lo más light para viajar eran ese tipo de países. O sea, como lo más tranquilo. No había tantos controles y todo.

Michelle: ¿Cómo mantuviste el contacto con tus padres? ¿Cómo se desarrolló vuestra relación en ese periodo? ¿Volvieron a Ecuador de visita durante el periodo que estuvieron en Londres?

Alexandra: No. Ellos fueron seis años y en ese transcurso nunca regresaron. Mis papás, la misión de ellos era regresar. Nunca quisieron quedarse. Entonces, y por eso muchas veces intentaron de pronto sacar los papeles como de residencia para poderse quedar o para ayudarnos. Entonces, por eso mismo no podían venir. Entonces, fueron con la misión de trabajar y regresar a tiempo, al poco tiempo.

Michelle: El contacto lo mantuvisteis principalmente por teléfono, ¿verdad?

Alexandra: Por teléfono. Ajá, claro, en esa época no había como media llamada, internet. Yo yo me acuerdo que nos llamaban una vez por semana. Creo que más en fin de semana, sábado, domingo. Y ahí siempre nos mandaban cosas, cartas o fotos de lo que ellos se tomaban o conocían. Para conocer un poco allá.

Michelle: ¿Cómo fue su regreso? ¿Cuándo regresaron? ¿Qué cambios hubieron en vuestras vidas?

Alexandra: Eso creo que, como te decía, fue lo más duro, el retorno, porque si bien es cierto, tu hablas, o sea, no lo estábamos viendo. O sea, teníamos un contacto por voz. Pero tú en la voz no ves cuánto creció.

Entonces, o un día yo me quedé de cerca de 12 años, pasé al último año de la escuela, ya para primer curso ya no estaba, y cuando retornaron yo ya estaba por graduarme. Mi hermano igual mayor ya estaba creo que en la universidad. Mi hermana la pequeña ya estaba en el colegio y ya se quedó en la escuela.

Mi hermana la última al menos que era, se quedó de cuatro y ya estaba cerca de terminar también la escuela. Entonces fue un shock visual porque nos dejaron chiquitas y ya nos vieron grandes ya señoritas como dicen. Y de ahí sí, ya la convivencia es más dura todavía porque si tú sabes que son tus papás, tú sabes quiénes son, pero no tienes esa convivencia.

Tú sabes que son tus papás, pero no sabes cómo comportarte con ellos. Porque al no verlos, tú piensas y sientes que incluso son extraños. Son otras personas. Porque ya no los viste con los cinco años y tu entorno se dio desarrollado cuando en nuestro caso con nuestra abuelita y nuestro abuelito. Entonces los que vinieron a sufrir esa responsabilidad fueron ellos. Entonces yo tenía esa relación con ellos, con mi abuelita, con mi abuelito, pero no con mis papás.

Incluso al inicio ellos también vinieron a vivir con mis abuelitos una temporada. Hasta luego ya vivir con ellos, solo con ellos. Entonces eso también es duro porque estabas en un entorno que era como que ya tu entorno social cómodo, a lo que estabas acostumbrado.

Y luego de que ellos vienen, tienes que como que salir de la casa. Aquellos años para vivir en otra casa con otras dos personas que si es cierto son su papá, pero al inicio tu también no sabes cómo relacionarte con ellos. Ni ellos también con nosotros.

Entonces ponte las primeras veces que de pronto teníamos que salir por algo o pedir permiso para salir. Yo al menos no sabía cómo hacerlo. Y muchas veces yo pensaba que era como una…Ellos eran como unas personas. Cualquier, o sea, no cualquiera, sino como que un igual. Será como que en una persona que con la que tienes que hablar, pero no que tienes que pedir permiso.

No sé si me expliqué. Entonces, los primeros días son los más difíciles, hasta acostumbrarte a este nuevo entorno que te toca, en el que te toca vivir.

Michelle: ¿La transición de vivir con nuestros abuelos a vivir con nuestros padres fue brusca? ¿O tuvisteis tiempo para prepararos mentalmente?

Alexandra: Tuvimos un par de semanas en los que vivimos entre todos, mis abuelitos, mis papás, y de luego ya tuvimos que ir a la casa que teníamos ya solos. O sea, ya solos, mis hermanas y mis papás. Entonces, como que esa no fue tan brusca la salida, pero sí era como un poco incómodo también al no saber cómo nos teníamos que tratar o cómo teníamos que hacer las cosas.

Michelle: El proceso de aprendizaje y adaptación a esa nueva situación, ¿cuánto tiempo duró?

Alexandra: Duraron años, creo yo. No fue de un momento al otro. Sí, duró como más de un año.

Lo sentí yo así porque recién ahí es como que ya comenzamos a tener un poco más de confianza entre nosotros y ya a sentarnos y tomar conciencia de que este es nuestro entorno familiar ahora, que ya son nuestros papás y con nosotros ahí. Y para ellos también fue difícil porque ellos no sabían cómo, o sea, ya no eres una niña a la que puedes de pronto corregir como a un niño. Ya éramos adultas, o sea, ya éramos, ya estaba en la universidad.

Y es diferente la corrección. O sea, de pronto cuando nos portábamos mal, no hacíamos cosas que no debíamos, ellos incluso no sabían cómo…

Michelle: ¿Cómo enfrentabais las situaciones difíciles? porque, por lo que me has dicho hasta ahora, ¿no había una buena comunicación entre padres e hijas?

Alexandra: Sí, no, no, no fue muy buena la inició. De hecho, o sea, mis papás llegaron y yo para esa época tenía novio. Un novio un poquito más formal. Y mi hermana también. Y yo recuerdo que cuando ellos llegaron hicimos como una fiesta. Y yo le invité a mi novio y mi hermana también.

Entonces, cuando mi mamá, luego de algunos años contaba y decía que duro fue para mí verte ya con Malin. O sea, como novio, porque ya era época, o sea, ya tenía esa edad. Y de sí, como que ya ahora, si era, antes era una niña y ahora ya es más. Y que tiene novio incluso. Cómo teniendo ciertas cosas. Entonces, al inicio, obviamente, no había mucho esa comunicación.

Luego, con el tiempo que fueron cambiando las cosas, creo que el rol. Como que el rol que asumió, que asumimos mi hermana y yo ahí fue de pronto de apoyo a mis papás, porque incluso ellos no sabían cómo manejarnos. Y muchas veces en algunas discusiones que tuvimos, nos tocó intervenir a mi hermana y a mí para que no hubiera tanto choque. O si había un tema con mis hermanas, que son un poco más pequeñas, pues de pronto. Cuando teníamos un conflicto en la casa, entonces mi hermana, como para ella esa época estaba casada.

Le llamaba a ella y le decía, mira, ven, ayúdame, veamos y sentémonos a conversar, a ver qué está pasando para poderlo solucionar.

Michelle: Esta es la primera parte de la entrevista a Alexandra. En el siguiente episodio la conoceremos un poco mejor y profundizaremos en la historia de sus padres. Recuerda que puedes seguir este podcast en tu reproductor de podcast favorito, en YouTube, en Facebook y también en Instagram, en @nideaqui.nidealli

Así que es muy fácil compartirlo. Muchísimas gracias por estar aquí. Nos escuchamos pronto.

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