CAFÉ CON MISH #1. Guayasamín

Ni de aquí ni de allí
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CAFÉ CON MISH #1. Guayasamín
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Este primer episodio de la sección “Un café con Mish” es un viaje personal a través del arte de Oswaldo Guayasamín y lo que significó para mí, como hija de migrantes ecuatorianos, encontrar un rostro familiar en un libro de arte universitario. Hablo de cómo el arte puede ser un espejo, una revelación, y una forma de volver a nuestras raíces cuando no hay referentes claros en nuestro día a día.

Desde la emoción de reconocer los rasgos de mi bisabuela en una pintura hasta el impacto de comprender el poder de representación, este episodio es una carta de amor a la estética de lo propio y al descubrimiento de referentes visuales en los lugares más inesperados.

🧳 Ideal si te interesa: identidad estética, migración, arte latinoamericano, Guayasamín, representación cultural.Música: Leo Rojas – Serenade to Mother Earth.

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Transcripción:

Hola, esto es Un Café con Mish. En esta sección de Ni de aquí ni de allí, vamos a tratar de algo que he llamado la cultura pop del migrante latinoamericano. Este primer café es muy importante para mí, y he grabado dos otros antes de éste, pero ninguno me convencía.

¿De qué podía hablar en el primer café para que os hagáis una idea de lo que quiero que esta sección sea? Le he dado muchas vueltas, y he acabado concluyendo que os voy a hablar de Guayasamín y de la importancia de verse representado y representada en el arte.

Estaba recordando el día en que tuve mi primera experiencia estética. Es algo que me marcó profundamente y que fue determinante en mis intereses académicos y espirituales. Sucedió que mi padrino volvió de Ecuador. Había estado viviendo en España durante más de 13 años, y trajo muchas cosas con él. Pero la más importante fue un nombre. Guayasamín.

Aunque tuvimos largas conversaciones sobre el arte europeo, mi curiosidad por la pintura ecuatoriana no hacía más que crecer a medida que él hacía referencias a aquel pintor. Y entonces hice lo que siempre hago cuando me dicen el nombre de un pensador o escritor. Busqué en el catálogo de la biblioteca de la universidad obras suyas, y para mi sorpresa, en Ciutadella tenían un par de libros que recogían su arte, uno de ellos gestionado por el mismo Guayasamín.

Recuerdo la tarde en la que abrí el libro. Recuerdo que tenía que leer muchas cosas para la asignatura de arte contemporáneo, y tenía los libros pendientes apilados delante de mí cuando levanté la cubierta. Las primeras páginas eran negras, el papel satinado de gramaje consistente.

Y apenas pasé la vista por dos cuadros cuando me topé con el tercero, que me cambiaría totalmente. El rostro lleno de pliegues de una anciana cuyas manos estaban agrietadas de una forma específica, con aquellos surcos propios de la gente que extrae de la tierra su fruto, que conoce la tierra y la tierra les conoce. Y sus hombros estaban cubiertos con un chal, pero sus ojos, sus ojos me atravesaron el alma”

Eran mis ancestros mirándome. Era mi bisabuela. Era mi abuela, aquella a la que no conocí.

Y al lado de su rostro había dos caras parecidas, pero sin cuerpo, caras masculinas. La cara de los reyes incas, la cara de mis abuelos. Y supe que yo sería algún día como ella.

Nadie, nadie, hasta ese momento me había enseñado cómo era la vejez. Solo entonces me di cuenta de por qué el arte europeo, a excepción del moderno contemporáneo, nunca me había dicho nada. ¿Nunca había despertado nada en mí?

Cuando leía Kant o cuando Nietzsche o Schopenhauer hablaban de arte tan apasionadamente, no era capaz de entenderlo. ¿Cómo el arte va a sustituir a la religión? ¿Cómo va a llenarme?

¿Cómo va a ser capaz de proporcionarme las experiencias que me proponieron a mi religión? Pero ahí estaba yo, llorando delante de la reproducción de un cuadro. Esta nota la escribí hace tres años ya.

Y creo que captó muchos sentimientos y muchas ideas que no supe determinar en ese momento. Me di cuenta de que lo que me habían faltado todos esos años, habían sido referentes. Alguien que se viera como yo haciendo cosas que me gustaría hacer o no sabía que me gustaría hacer.

Simplemente ver a personas como yo haciendo cosas. Después de ese momento de experiencia estética, me empecé a interesar por el arte ecuatoriano y los muralistas latinoamericanos y poetas latinoamericanos también. Obviamente me encontré que casi todos eran hombres, ¿cómo no?

Pero creo que lo más significativo para mí fue que nosotros, mi herencia étnica, podía aportar algo a la humanidad y algo increíble, algo que movía las entrañas. Y de hecho mi compañera de piso ahora tiene un cuadro de Guayasamín en su cuarto y me dijo que conoció al pintor porque le impactó la obra que hay en el aeropuerto de Barajas de Guayasamín. Que un pintor ecuatoriano pueda generar en alguien de una cultura más distanciada como la alemana, esa clase de sentimientos es simplemente maravilloso.

Si no conocíais al pintor, ni siquiera habéis escuchado su nombre, espero que a partir de este podcast y de este primer en el café conmigo, os entren ganas de buscar fotos o más información. Voy a publicar una entrada paralela a este podcast con las fotos que hice de el libro el día en que lo vi. Porque además cuando pasaba a las páginas de ese libro, vi otras imágenes familiares y yo no sabía hasta qué punto Guayasamín estaba tan presente en la cultura ecuatoriana cotidiana.

Pues en una de esas páginas estaba un cuadro que colgaba en la habitación de mis padres. Esa imagen se quedó grabada en mi cabeza, entonces cuando la volví a ver recordé inmediatamente cómo era la habitación de mis padres en Ecuador cuando hacía mucho tiempo que no pensaba en ello. Y de hecho creo que nunca había pensado en ello hasta que vi esa imagen.

Las imágenes de Guayasamín son poderosas, son crudas y, bueno, pertenecen a eso, como al movimiento de los moralistas latinoamericanos. También simpatizó mucho con el socialismo, con latinoamericano. Pero también es muy existencialista.

La mayoría de sus cuadros reflejan ese desasosiego y desesperanza de la época. Pero también tiene cuadros muy coloridos. Echadle un vistazo.

¡Gracias por estar aquí hoy! Recuerda que esto no es un monólogo. Así que siéntete libre de enviarme tus comentarios a través de cualquiera de mis redes sociales, las redes sociales del podcast, o simplemente dejando un comentario en Apple Podcasts o ivoox.

¡Hasta la próxima!

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