T1E8. Raíces rotas

Ni de aquí ni de allí
Ni de aquí ni de allí
T1E8. Raíces rotas
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En este episodio converso con Paula, una joven venezolana que llegó a Barcelona después de pasar por Dublín. A través de su historia, comprendemos qué significa perder el arraigo, migrar sola a los 17 años y enfrentar la vida adulta lejos de todo lo conocido.

Paula comparte con franqueza cómo fue enfrentarse a una nueva cultura, la soledad del proceso migratorio y el desarraigo. Su testimonio conecta con muchas de las emociones que atraviesan quienes dejan su país sin mirar atrás.

🧳  Ideal si te interesa: historias migratorias reales, Venezuela, Barcelona, adolescencia migrante, desarraigo y reconstrucción personal.

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Transcripción:

Bienvenidos a Ni de aquí ni de allí, un podcast en el que escucharás la voz de los hijos de los valientes, los hijos de aquellos hombres y mujeres que abandonaron su país de origen y llegaron a España durante los 90 y principios de los 2000.

Mi nombre es Michelle y seré quien te acompaña en este podcast en el que hablaremos sobre la identidad cultural de los inmigrantes de segunda generación o hijos de inmigrantes hispanoamericanos en España. Puedes encontrar más información acerca de estos conceptos, los países que tratamos y más en mishaguilar.com/nideaquinidealli

Paula: Ya no estaba ni siquiera nada de lo que yo realmente conocía, realmente seguía en Caracas. Y aquí yo tampoco me sentía… Ay, tampoco era catalana. Entonces, yo creo que ahí es donde piensas y sientes a sentir que no eres ni de aquí ni de allá, ¿sabes? No eres de ningún lado.

Michelle: En los siguientes dos episodios me acompañará Paula, una joven venezolana que actualmente reside y trabaja en Barcelona. Ella también se desmarca del perfil de mis entrevistados y coincide con Angybel, en que ambas salieron de Venezuela solas. Sin embargo, Paula tiene una historia totalmente distinta.

Salió de Venezuela con 18 años y no piensa volver. En este episodio nos da los motivos y también nos habla de cómo fue llegar a España, de las dificultades con las que se topó al principio y de cómo las enfrentó.

Hola Paula, muchísimas gracias por aceptar la invitación.

Paula: Gracias a ti.

Michelle: ¿Qué tal si nos hablas un poco de ti?

Paula: Vale, bueno, pues yo soy Paula y estudié contigo, Humanidades, de la Pompeu. Actualmente vivo en Barcelona, pero soy de Venezuela, de Caracas, la capital, y he llegado a Barcelona en el 2012.

Michelle: De Caracas, saliste ya mayor, ¿verdad?

Paula: Sí, ya era, bueno, sí, no, que qué bueno, salí realmente, bueno, llegué a Barcelona en 2012, pero me fui a Dublín en el 2010. Entonces, realmente salí de casa oficialmente a los 17. Entonces, sí, estaba grande, pero al mismo tiempo era pequeña, ¿no? Estaba bastante demente. Acababa de salir del cole. Entonces, bueno, todo lo que conlleva a eso y que tienes que crecer de una.

Michelle: Ya veo. Y tu familia se quedó en Venezuela.

Paula: Sí, yo fui la única que salí. Yo salgo, quería estudiar inglés en Dublín. Y mi padre ya vivía en México para ese entonces, que ya vivía en México mucho tiempo, al menos el 2004, un poco más, un poco 2006 creo.

Y nada, pues él ya vivía allí, pero sí, de verdad, toda mi familia, mis abuelos, mi madre, mi hermana, mis tíos, todos estaban en Venezuela cuando yo me fui.

Michelle: Pero actualmente ya no están en Venezuela, ¿no?

Paula: No, actualmente ya no. Actualmente ya casi, bueno, muchos ya se han ido. Mi madre se fue a Miami, está en Miami con mi hermana. Mi padre sigue en México. Tengo tíos por Colombia porque tengo, o sea, mi padre es colombiano, entonces muchos se fueron a Colombia, muchos a mis tíos. Tengo también en Ecuador familia, en El Salvador. Aquí también tengo una prima. No sé si un poco más. En Miami también tengo más familia que también se ha ido a Miami.

Bueno, nos hemos ido poco a poco, se han ido volando. Y ya me queda muy poca gente realmente en Venezuela. Esa gente que es importante para mí, pero ya cada día quedan menos.

Michelle: ¿Has vuelto a ir a Venezuela desde que saliste en 2010?

Paula: Sí, volví en el 2011 después de Dublín. Te hice el parón porque tenía que ser la selectividad para ir para acá. Hice la selectividad, me vine para acá en el 2012. Después visité a Venezuela en los diciembre o en verano, cuando era verano aquí me iba para allá a visitarlos. La última vez que fui realmente es en el 2014. Fue mi último año donde dije que no iba a volver más.

Michelle: ¿Por qué?

Paula: Bueno, es que muy duro. Era muy duro. Bueno, hay dos razones. La primera y más importante, porque al final era lo que me impidiera la económica. En Venezuela todo, bueno, como ya te han contado y como ya deben saber se fue de un, o sea, no y no de un día para otro. O sea, fue poco a poco. Lo que pasa es de que de un año para otro ya no podías costear los pasajes. Y no había aerolíneas. Las aerolíneas se habían se habían marchado de Venezuela, entonces quedaban muy pocas y los pasajes que quedaban eran muy caros.

Entonces yo volé en el 2014 con un pasaje de nada más un pasaje de Ida y tenía que regresar acá para hacer mi tercer año de la universidad y no encontraba los pasajes. Entonces fue bastante angustioso para todos porque yo tenía que venir acá, tenía que matricularme. Y si no estás en la matrícula durante los seis días de la matrícula, no te matriculas y perdías todo el año.

Entonces tengo que renovar el visado de estudiante. Tenía que renovarlo cada año. O sea, si suponía algo para mí, o sea, imposible. Y entonces tuvimos que pagar el pasaje súper caro, súper caro. No podía poner yo a mis padres a costear eso. Y aparte de que fue…La parte emocional fue porque cuando llegué en el 2014 ya, sabes, había muerto. Ya estaba Maduro, llevaba creo que un año ya en el poder. Y me prometí que no podía volver porque todo estaba completamente cambiado.

O sea, imagínate que donde tú vives de niña, todo esté prácticamente destruido. No haya comida, no haya cosas esenciales. Vas a los lugares donde ibas con tus amigos o están cerrados o están, pero se están cayendo a pedazos y porque no hay dinero, probablemente, para restaurarlos. Entonces, emocionalmente era muy agotador, era muy agotador. Y al momento que también mi madre sale del país con mi hermana, creo que no tengo planes para volver pronto a Venezuela. Eso es duro, pero es más duro ir. O sea, es mucho más duro. Además, ver a tu familia también pasarla como la están pasando, o sea, no es, no es agradable. Están súper delgados porque no tienen comida.

Entonces, bueno, preferí por ahora visitar a mi madre, obviamente. Sigo visitando a mis padres y a mi hermana. Sí, a mi familia que está afuera. Tengo muchos planes de verlos, pero no volver. No volver.

Michelle: Uno de los puntos que tocamos en la conversación con Angy fue cómo vivió ella la visión del socialismo latinoamericano en España. Angy se cruzaba con gente que le decía que ella no tenía ni idea de socialismo. Y claro, ella se indignaba y se molestaba porque tuvo que irse de Venezuela por el socialismo. ¿Cómo lo has vivido tú?

Paula: Ya, sí, sí, es muy fuerte. Bueno, la inconcepción, algo que tienes que aprender muy rápido cuando llegas acá y que yo intento respetar la opinión de todos, porque, bueno, cada uno es quien es por cómo ha crecido, por las cosas que ha vivido, por las cosas que le han enseñado en casa. Yo veo que acá la mayoría de gente que creen en socialismo latinoamericano, porque yo creo que eso es lo que ya más da rabia, porque yo he hablado con mucha gente, incluso, de la carrera, que han leído a Marx y no creen en el socialismo latinoamericano, sino creen en otro tipo de socialismo, de igualdad.

Y yo con ellos puedo incluso tener cosas en común, porque entiendo que al final es una filosofía también de vida. La puedes ver así, ¿no? O sea, de intentar vivir adecuado a lo que necesitas y no a lo que te hacen desear. Y eso sí lo puedo entender, lo puedo compartir incluso, o sea, hay muchísimas cosas. Pero el problema yo creo que acá, la gente tiende a creerse en todo lo que ve, ¿no? Todo lo que ves en la, lo que ves en la televisión, o lo que lees en el periódico.

A mí me chocó muchísimo, pero muchísimo, muchísimo. Yo estaba en la universidad y había muerto Chávez. Y en la Pompeu, creo que tú todavía no estabas en, no, no habías empezado en la carrera, había un cartón enorme que decía, en paz descanse, Hugo Chávez Frías.

Yo estaba tan indignada, porque tú puedes creer tus bases y tus creencias, pero infórmate, infórmate porque es como si yo un día ponga en plena Caracas quien paga descanse, Franco, ¿sabes? Porque por su culpa mucha gente ha muerto, por su culpa mucha gente no tiene comida, investiga antes de hablar. O aunque sea, ve, si realmente te parece, lo que a mí más me chocaba a la gente de acá es que no habían pisado Venezuela.

Nunca, ni Cuba. Y si habían ido a Cuba eran en los resorts, ¿sabes? Donde no te sales del hotel. Entonces, ¿es en serio que tú me vas a decir que mi socialismo es mejor cuando ni siquiera lo has pisado? No lo has visto, porque es que yo no te estoy pidiendo, yo no te vengo aquí a evangelizar, a decir lo malo que es el socialismo. Ve, o sea, yo siempre digo a la gente, vayan.

Si realmente están tan convencidos, vayan. Y lo verán, es que no es necesario realmente yo aquí hacer, intentar convencer a alguien de una política, porque no es necesario. Tú puedes ir y puedes ver la cantidad de negocios cerrados, los niños hambrientos por la calle, puedes ver la gente que se desmaye, puedes ver que no hay insulina para la gente diabética, puedes ver que no hay medicinas, puedes ver que la gente se mata por un kilo de pollo, nada más.

Y vas a ver si realmente el socialismo latinoamericano funcionó o no. Y claro, choca mucho, yo creo que para los venezolanos llegar acá y ver que la gente está tan ciega de lo que realmente está pasando en tu propio país. Yo entiendo el punto del discurso de Chávez, creo que fue en la ONU, que decía, aquí huele a azufre.

Y claro, todo el mundo pues le hacía gracia, este tipejo que daba cara a Estados Unidos. Pero no es nada más un discurso. Son años y años de políticas que estaban destruyendo el país y de robo, sobre todo de robo. O sea, una corrupción como todas. Es que para mí, el socialismo en sí, la teoría para mí es utópica, es preciosa que todos vivamos iguales. Pero dime qué socialismo se ha implantado en un país y ha funcionado.

Ninguno. No digo tampoco que el capitalismo funcione, pero no me digas que esto es lo que funciona, que esta es la contraparte. Porque no ha funcionado, porque al final los ricos tienden a ser los que están en el poder. Ya se cae la burguesía, sí, sí, pero sigue habiendo gente súper rica robando el pueblo. Y lo peor es el que te está diciendo que es malo ser rico. Y van con Rolex y se quedan en Nueva York en hoteles carísimos.

Y claro, ya cada vez van saliendo más cosas. La semana pasada o la anterior le quitaron a un chavista, Diosdado Cabello, le quitaron propiedades en Nueva York, en la quinta avenida. Entonces tú dices, realmente tú me vienes aquí a vender, que todos somos iguales. Es que no tiene sentido. Ahora, claro, mucha gente se arrepiente y piensa que es la culpa de Maduro, en plan, no, no, es que Maduro está malo, él fue el que ha arruinado el socialismo. Yo estaba allí cuando estaba Chávez y no fue todo de golpe, no fue que un día me levanté y todo estaba mal, sino que de repente empezaba a faltar la leche y después faltaba el azúcar y después faltaba los frijoles y después la harina.

Y ahí iban faltando cosas, poco a poco. Y tanto sí que te vas acostumbrando a que este es tu día a día. De repente no hay agua, se cae la electricidad, de repente pasas por los negocios y están cerrando o los expropia y no se vuelve a abrir más nada. Porque lo ideal que expropies es que lo nacionalices y esto de dinero y trabajo para el país, pero se quedaba cerrado. Se quedaban con el dinero y nadie veía un céntimo y todo quedaba absolutamente cerrado. Entonces fue poco a poco que empiezas a ver como fue un movimiento más el odio que infundían sus discursos cada día contra su propio pueblo o contra la mitad del pueblo que no estaba de acuerdo con él.

Y eran familias enemistadas. En mi familia siempre había uno que casi todo son de la oposición, pero hay uno que no lo es. Peleas, peleas, peleas. O sea, porque lo único que infundían era odio entre ellos. Entonces, yo creo que no es culpa de uno solo. Creo que realmente esto iba a llegar. Lo que pasa es que con la muerte de Chávez todo vino de una vez. Se veía venir y castigó a los estudiantes. Hubieron muchas cosas antes de que Maduro viniera al poder.

Habían estudiantes presos por libertad de expresión, porque estaban marchando pacíficamente. No es de un solo gobernante. Es el concepto del socialismo del siglo XXI. Entonces, bueno, yo creo que la gente de aquí es lo que no ve. O lo que no quiere ver, quizás. Ellos quieren ver lo bonito del discurso. Todos somos iguales. Este socialismo, patria o muerte, aunque a mí eso no me parece nada bonito, pero bueno, es lo que lo que se dice. O viva la patria o que peleas por los pobres.

Y yo, bueno, genial que peleas por los pobres, pero es que la cosa es que la clase media se volvió pobre y los pobres están mucho más pobres. Y los únicos gente que es rica son lo que se le llaman ahora los boliburgueses, que son la gente del poder, en el poder que tiene el dinero. Entonces, claro, complicado.

Yo creo que al llegar acá, yo era una de las primeras que me ponía a discutir con medio mundo. O sea, con medio mundo. O sea, era como…Es que me indignaba, me indignaba porque él decía, o sea, es que no funciona cuando ni siquiera hay seguridad. Porque es que no hay seguridad en las calles. Te matan. O sea, puedes salir y realmente no sabes si vas a volver a casa. O sea, si un país no funciona, uno no se siente seguro en las calles. Yo entiendo, puede pasar algún atraco, pero es que…

Yo creo que todos mis amigos, me incluyo, hemos visto una pistola que ha apuntado a nuestras cabezas mientras estás en el coche en tránsito. Y no te puedes mover porque tienes a la persona aquí con una moto, con una pistola, diciendo que le des todo. Y siempre estás escuchando que alguien muere, que alguien lo secuestran.

Es que no es seguro. Una de las cosas también que me fui es porque realmente no es seguro. Tú no podías caminar por la calle a las siete de la noche. ¿Qué clase de país es éste? O sea, ¿qué clase de país funciona de esta manera? Para uno que es joven, o sea, te destruye la juventud, porque es que ni siquiera puedes salir.

A mí no me dejaban salir de la casa. Por ser chica, obviamente. Porque, obviamente, la violencia de género era enorme. Y porque me podían secuestrar o matar. Es que era como algo que realmente se vivía y que escuchabas. No era como el hijo del amigo del abuelo de tal, ¿sabes?

No, no pasaba en la casa de al lado. Mi madre, incluso cuando se decide ir a vivir a Miami, mamá era una patriota en plan amaba Venezuela, amaba Caracas. Ella no se iba a ir nunca. O sea, ella no se hubiera ido nunca. Si no fue porque en un momento fue a comprar el periódico en lo que llaman el kiosco de la esquina. Fue a comprar el periódico unas frutas, compró las frutas y se fue a casa. Se dio cuenta que se había olvidado el periódico. Cuando regresó, habían asaltado el kiosco y había muerto la cajera. Entonces, en cuestión de segundos, o sea, fue un minuto, al final te vas porque la casa estaba al lado.

Era en plan, uno siempre agarra el coche para ir a Caracas porque las distancias son un poco largas. Pero es diez minutos de que vas bajando, te das cuenta que te has olvidado, andas regresado y ya había muerto una persona. Y ya se da cuenta que no puede vivir así porque mi hermana tenía en ese momento apenas ocho años y se tuvo que ir.

Y se tuvo que ir de un día para otro porque no tenía otra opción. Era la seguridad de mi hermana y la de ella. Y tomó la decisión de que se fuera. Pero es que cuando ya no estás ni segura, todo fracasa, o sea, todo fracasa. No me pueden vender un paraíso. En plan de todos somos iguales. Cuando ni siquiera puedo saber si mi madre iba a llegar viva en la noche. Entonces, bueno, yo creo que eso es lo que la gente no ve aquí. O lo que no quiere escuchar.

O lo que no quiere oír. O que quiere oír nada más lo que les interesa porque yo veo que muchos son eso. Repiten lo que oyen. Van con la camisa de Che Guevara, pero tampoco saben realmente qué hizo el Che Guevara. Como un socialismo que ellos lo viven porque lo viven desde aquí. Yo también me gustaría vivir el socialismo desde un país del primer mundo.

O sea, me encantaría, hombre, sería lo más fácil del mundo, ¿sabes? Pero ve allá. O sea, si realmente tanto te gusta, vete. Es que nada te está diciendo que tengas que quedar aquí, aguantando el gobierno o el Estado. Si tanto te molesta, vete. Yo lo hice. Yo me tuve que ir. Entonces, lo que yo veo es que la gente le encanta hablar bien del gobierno de Venezuela, pero nadie se va. No dices que allí es el futuro. Entonces, me pareció un poco hipócrita.

Michelle: Bravo, brava. Bueno, cuéntame, ¿cómo fue tu llegada a España? ¿Fue difícil?

Paula: Bueno, o sea, sí. Yo creo que cada comienzo es difícil, ¿no? Al final, yo vine a España, además, vine a Barcelona, que se habla catalán, y vine dos días antes de empezar clases. Entonces, no entendía nada. Dos años, estuve sin entender mucho. Fue difícil, pero realmente, yo creo que la gente aquí me ayudó muchísimo.

De sentir mucho en, o sea, tienden a ser bastante cerrados al principio. Y no es lo mismo que en Venezuela, obviamente, porque la gente en Venezuela te haces amigos en cualquier lado. Yo creo que una de las cosas que más choca ahora la gente que vive en Venezuela es que se ha vuelto tan despiadado todo.

Tan… Tan la muerte por la muerte, que la gente le da igual. Porque antes la gente era súper amigable y queda…Yo estoy segura, quiero pensar que queda gente muy buena. Entonces, claro, te hacías amigos en cualquier esquina. Estabas esperando el transporte y alguien te empezaba a hablar de su vida y te hacías su amigo. Y yo creo que acá, pues esto no pasa aquí. La gente anda un poco a su bola y en su mundo. Y entonces, cuando llegas acá y yo llegué sola, yo no llegué a casa de un familiar ni nada.

Yo llegué a una habitación que estaba alquilada de estudiantes. Entonces, claro, eso yo creo que choca bastante en no tener un apoyo. O sea, yo tenía algún amigo aquí que realmente te vas ayudando con esas personas y vas haciendo un punto de grupo. Pero en los primeros días, yo creo que sí fueron bastante difíciles y, por lo bien, echaba muchísimo a mi familia, muchísimo de menos la comida. Además que allá no era la que cocinaba para nada. Yo tenía mi madre y cocinaba riquísimo. Entonces, era bastante difícil. Pero no, yo creo que yo era bastante independiente. Siempre, o sea, siempre lo fui.

O sea, yo también había tenido la experiencia de Dublín. Entonces, no fue que llegué a un mundo completamente desconocido y que no sabía exactamente lo que era. No sabía qué eran los seguros, qué es lo que pasan al principio, cuando llegas. Pero yo creo que lo más duro es cuando pasa el tiempo. Cuando empieza a pasar el tiempo, yo creo que es cuando te empiezas a dar cuenta de lo que realmente estás viviendo. Porque los primeros días, para mí, eran las de vacaciones.

Uy, sí, la Mercé. Uy, sí, vamos a la playa. Uy, que podemos caminar a las 11 de la noche por la calle. No pasa nada, ¿no? Entonces, todo es como muy alegre. Estás en la universidad, todo es nuevo. Entonces, realmente estás como muy encandilada de todo lo que te está pasando, de que estás en un lugar bonito porque es precioso Barcelona. Entonces, yo estaba como, no sé, como niña en juguetería, ¿no? Estaba, podía caminar, podía correr.

Estaba, o sea, salir con mis amigos. Estaba súper contenta y era súper independiente, o sea, de salir de casa, ¿no? De que no me dejaban salir de casa nunca porque les daba miedo a mis padres a coger el metro a las cinco de la mañana. Cambió un montón, sí, yo me sentía en plena libertad. Yo creo que empieza a pasar el tiempo y a mí me empieza a chocar mucho más eso, los diciembres, cuando estás sola. En Venezuela se vive un diciembre espectacular, espectacular, espectacular.

O sea, es algo increíble. Todas las familias, todos los vecinos tienen las puertas abiertas. Entonces, hay música en todas partes, hay juegos artificiales. Entonces, es como son unas fiestas, las fiestas patronales, ¿no? En plan, entonces, se viven muy bien. Y cuando estás aquí, un 24 de diciembre, sola, o tu cumpleaños sola y no tienes tantos amigos, entonces, cada uno quizás está ocupado y no puede salir y te quedas en la casa, pues viendo una película.

Yo creo que ahí es donde, yo creo que ahí es donde a mí me empezó a pegar realmente. Que estaba sola, que o sea, que sí que tenía mis amigos, pero que realmente no, no, no estaba en una comunidad que era la mía. Y es difícil, es decir, ahora yo creo que con la inmigración venezolana que ha llegado, cada día hay más venezolanos.

Cuando llegué no había tanto, había, yo creo que había dos restaurantes venezolanos al que podías ir y no había muchos venezolanos en Barcelona. Entonces, te sentías siempre como the outsider, ¿no? En plan, siempre eras la, no la rara, pero realmente nunca podías conectar más allá porque la gente, porque lo intentaba, pero no era, no habían vivido lo que tú habías vivido. Y era muy difícil tener relación con la gente. Yo creo que ahí es donde te empiezas a dar cuenta de la decisión que has tomado, que sí, que tiene sus pros, pero realmente que también tienes sus contras. Yo me acuerdo el segundo año viviendo acá, iba por la calle, iba por Glorias y me doblé el pie por la calle.

Me lo doblé y además me lo doblé y sangraba. Y yo veía que la gente, pues eso, pues pasaba adelante. Y yo estaba llorando, es que no podía levantarme. No podía y estaba llorando, yo veía que la gente, pues eso, me pasaba por encima hasta que llegó un dominicano, me acuerdo que me acogió y me puso en una silla, sacó su teléfono. Pero veía que ya no estaba en casa. O sea, ya las cosas habían…

Me había dado cuenta que realmente no estaba en mi casa y que me tenía que acostumbrar. Y que para colmo, no solamente eso, sino que también vas perdiendo raíces. No me estaba mudando, ya mi casa de mi niñez la habían vendido. Ya no tenía, no podía regresar a lo que yo pensaba que era hogar, porque ese hogar ya no existía. Mis amigos ya no estaban en Caracas, todos se habían ido también. Todos se habían ido a Francia o a donde pudieron irse también.

Algunos a Chile o Argentina, donde ellos pudieran. Entonces, ya no estaba ni siquiera nada de lo que yo realmente conocía realmente seguía en Caracas. Y aquí yo tampoco me sentía, tampoco era catalana. Entonces, yo creo que ahí es donde piensas, sientes que no eres ni de aquí ni de allá, ¿sabes? No eres de ningún lado y te empiezas a sentir un poco perdida.

Yo creo que fue mi crisis de mitad del viaje, ¿no? Como el segundo o tercer año que yo hablaba con la gente de allá y la gente tampoco se sentía, en plan, aparte de que te le contabas, ¿no? Cómo te va y tal. Pero yo realmente no tenía nada que ver con la vida que estás viviendo ahora. Y la gente de acá no tenía nada que ver con la vida que eras de antes. Entonces, realmente siempre te sentías como una parte que estaba perdida.

Y yo creo que eso choca mucho en la parte existencial. Porque realmente, por ejemplo, yo empecé a perder el acento, pero tampoco hablaba de aquí. Y yo creo que eso es lo más obvio. Sí, sí, no hablas español, pero tampoco hablas venezolano. Y empiezo a decir, vale, pues, ¿qué soy? ¿Sabes qué soy? O sea, si no soy de aquí, no soy de allá. ¿A dónde voy? Si algún día necesito llamar a algo hogar, ¿no?

Y no tenía un hogar, porque yo vivía en un puesto de estudiantes. Entonces, me puse a sentir un poco perdida. Yo me acuerdo que fue también porque a mí me habían dado el Erasmus para ir a Pisa. Y me habían dado la plaza de Erasmus, pero no cualificaba para la beca el Erasmus, porque no era residente legal, ¿no? No era, no era, no era española o no. También podía comprarla si era residente legal.

Yo era estudiante. Entonces decía, yo pensaba, vale, he hecho el mérito, por nota me lo han dado, pero igual no podía ir porque no tenía el dinero para pagármelo. Estaba, yo vivía de lo que mis padres me podían enviar. Y llegó un momento que eso cada día era menos. Cuando con las mudanzas, con todo, o sea, ya no, mis padres no me podían ayudar. Y no me podía ir.

Entonces, claro, es donde te sientes como, vale, entonces, ¿a dónde voy? Y tienes que forjar un hogar. Y tienes que empezar a hacer raíces, ¿no? Pero por ese entonces, tenía 21 años y no tenía muy claro, a veces no tenía ni muy claro dónde estaba yendo. Y si realmente valía la pena todo lo que estaba haciendo. Yo creo que eso fue lo más difícil para mí.

Fue más, o sea, la parte existencial, de no saber de dónde eres o a qué grupo perteneces más que todo. Porque yo creo que eso es algo que un humano necesita. O sea, un humano necesita sentir que pertenece a un lugar, en pleno, que las personas parten tus costumbres, que no le parece raro que estés gritando.

La gente que se piensa que los latinos gritamos mucho. Y es que vivimos la vida así, pasional. Y aquí es como, estés gritando mucho, ¿sabes? Y es como, pero no, yo necesito poder expresarme. Entonces, claro, eso encuentra las cosas más pequeñas a las más grandes. Como eso, como te digo, un Erasmus o…O sea, puede ser de muchas partes, pero de todos lados empiezas a sentir que realmente no tienes un lugar. Y yo creo que eso fue para mí lo más duro. Aparte, obviamente, de que en Venezuela ya todo en ese momento estaba…se estaba hundiendo. Mis padres no me podían enviar dinero. Tenía que salir adelante yo sola.

Fue 21 años y sin haberme graduado, ¿sabes? Y aquí, además que aquí, con un visa de estudiante no puedes trabajar. Entonces, claro, yo creo que para mí eso fue un año duro. Pero, bueno, yo creo que… que tienes que sobrevivir cuando no te queda de otra.

Michelle: ¿Cómo resolviste el tema de la visa? Porque ahora tienes una situación estable, ¿verdad?

Paula:  Sí. Mi segundo año aquí empezó una relación con un catalán. Entonces, bueno, estamos juntos desde entonces. Yo hice toda mi carrera. Y, claro, ahora hay un estado que se llama La Pareja de Hecho, que cuando ya tú vives con una persona durante dos años, tú te inscribes como el registro civil. Y de eso te da el permiso de como familiar de ciudadano europeo. O algo así. Entonces ya te da una residencia.

Pero, o sea, lo más gracioso es que durante estos cinco años que yo viví de estudiantes no contaban. Podías hacer el cambio, o sea, podías, si realmente podías hacer el cambio de estudiante a trabajo, pero tenías que encontrar una empresa que te contratara. Y la empresa tenía que, o sea, la empresa tenía que querer contratarte y querer hacer todo ese proceso que lleva el cambiarte de visado, que son impuestos y cosas.

No es mucho realmente. Pero la gente se asusta. O sea, cuando ella empieza a decir, bueno, no, es que tienes que…Ah, bueno, es que claro, yo prefiero una persona que… Porque la gente prefiere, pues, lo más simple. Y cuando ven que había un proceso, yo creo que es lo que le pasa a mucha gente que no…que tengo muchos ya… tengo amigos acá que están aquí y están en plan buscando un lugar que realmente les puede dar el contrato para poder hacer el cambio. Porque si no, no…o sea, yo trabajaba de prácticas. Y, bueno, o sea, es como el trabajo de prácticas, ¿no? Entonces, pero era con lo que me podía ayudar.

Y ya después aquí hice este proceso y, bueno, todo salió bien. Y ahora sí, ya puedo trabajar y estoy tranquila. Puedo optar por ir al…a la seguridad social, ir al médico como una persona normal. Pero sí, sí, tuve que hacer estas cosas. Pero es que no te lo ponen fácil tampoco, yo creo. O sea, no es algo como que firma acá o pon estas dos. O sea, no tienes mucho de otra. O quedarte ilegal, mucha gente lo hace también.

Lo hace también es quedarte ilegal, tres años y pedir al raigo social si te lo dan. Entonces, claro, es difícil. Es difícil intentar, sobre todo en España. Yo creo que en España es uno de los países que te lo pone bastante difícil. Hay otros más, ¿eh? Muchísimos más.

Pero sí, no, no. Si realmente eres estudiante y no tienes ningún tipo de donde agarrarte, ¿no? Porque algunos venezolanos lo bueno que tienen es que sus abuelos eran españoles o italianos. Entonces, pueden pedir la nacionalidad de esta manera también. Eso ayuda un montón. Pero no, yo era criolla, criolla, o sea, no había ningún pasaporte ni nada.

Entonces, yo sí sabía que no quería volver a Venezuela. Y no tanto por eso. Ya creo que no era por volver a Venezuela. Ya yo tenía mi casa aquí y yo estaba viendo con mi pareja. Era algo, era como lo siguiente, el siguiente paso, ¿no? Cuando ya tienes tu casa y estás toda tranquila y realmente estás con una persona, aquí nada más, pues haces este paso.

Yo creo que por eso ahora estoy aquí, si no, pues quizás estuviera con mi madre o con mi padre, ¿no? Nunca hubiera, no hubiera vuelto a Venezuela. Estuviera en México con mi padre o en Miami con mi madre. Hay otras opciones. Pero sí, por eso es que ahora puedo trabajar tranquilo.

Michelle: Seguiremos con la entrevista la semana que viene, pero antes quería hacer un gran anuncio y es que ya estamos en Spotify. Así que ahora puedes escucharnos desde YouTube, Google Podcasts, iTunes Podcasts iVoox. Así que no olvides recomendar este podcast.

Hasta el próximo episodio.

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